El cuadro clínico del herpes zóster —popularmente conocido como «culebrilla»— suele asociarse a dolorosas erupciones cutáneas y secuelas neuropáticas. Sin embargo, la comunidad médica encendió las alarmas ante un factor de riesgo sistemáticamente subestimado: su impacto en el sistema cardiovascular.
Diversos estudios e informes presentados en el marco del Día Mundial del Corazón revelan una correlación temporal crítica entre la reactivación del virus varicela-zóster y episodios vasculares severos. Según advierten los profesionales de la salud, los pacientes que atraviesan un brote presentan un incremento sustancial en el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio durante los primeros 30 días posteriores a la manifestación de la enfermedad, mientras que la vulnerabilidad de padecer un accidente cerebrovascular (ACV) se extiende hasta los tres meses de iniciado el cuadro.
Esta relación se demuestra de manera bidireccional. Las investigaciones médicas indican que las personas que ya padecen patologías cardíacas preexistentes registran hasta un 34% más de probabilidades de desarrollar herpes zóster en comparación con la población general, reflejando cómo el compromiso del sistema inmunológico y cardiovascular retroalimenta ambas condiciones.
Frente a esta evidencia, la comunidad científica enfatiza la necesidad de incorporar la prevención inmunológica dentro del abordaje integral del paciente cardiovascular. En este sentido, la vacunación surge como una herramienta preventiva determinante no solo para evitar las lesiones cutáneas y el dolor neurálgico, sino también para mitigar desencadenantes inflamatorios que puedan comprometer la salud del corazón y del sistema circulatorio.
Fuente: Información basada en reportes de la Agencia Noticias Argentinas y divulgación médica especializada (artículo publicado en Mi Telefe / Noticias Argentinas en octubre de 2026).
Origen de la fotografía: Agencia Noticias Argentinas / Archivo Médico / Getty Images (vía Mi Telefe).





