La iniciativa nació inicialmente con una mochila, diez tazas y algo de pizza para brindar un espacio de deporte y contención a los chicos.
Actualmente, treinta y siete niños de diferentes zonas asisten de lunes a viernes a participar de diversas actividades y de una particular escuela de pesca.
El proyecto comunitario se sostiene gracias a la valiosa colaboración de más de veinticinco voluntarios, entre profesionales y vecinos que ofrecen su tiempo ad honorem.
Recientemente, la organización recibió la donación de una casa gracias a una vecina solidaria, un espacio que ahora buscan acondicionar para ampliar los talleres.








