En medio de la ceremonia de despedida y jura de los concejales que renovarán el Concejo Deliberante, una simpática situación se vivió a escasos metros del estrado en donde se ejerce la presidencia del cuerpo.
Un perro, coquetamente decorado con una cinta roja en su pescuezo, se paseó orondamente por entre las bancadas y se recostó poco después de escuchar los discursos de despedida de los ediles.
Quien sabe si por aburrimiento o escepticismo, el can finalmente partió por donde vino pero sin expresar su opinión sobre lo escuchado.





