El fútbol argentino ha cruzado el umbral hacia un territorio desconocido. La confirmación del adiós de Lionel Messi de la Selección Argentina marca el punto final para la etapa más gloriosa y descollante del combinado nacional. Tras más de dos décadas de compromiso irrestricto, la partida del capitán no representa únicamente una pérdida desde la estampa técnica dentro del campo de juego; significa el fin de un modelo donde la brillantez individual sirvió, en más de una ocasión, como manto protector ante las deficiencias organizativas institucionales.
Desde aquel anuncio en redes sociales a fines de agosto, los homenajes internacionales se han sucedido en cascada. La figura del rosarino —sólido candidato a sumar una nueva distinción con el Balón de Oro gracias a su vigencia en el alto rendimiento— trasciende los hitos estadísticos. Messi representó la resistencia en la adversidad, la resiliencia ante la frustración en sus primeros años y la cúspide táctica en su madurez. Sin embargo, el epílogo de su trayectoria con la camiseta albiceleste merecía una escenografía deportiva a la altura de su dimensión histórica.
El tramo final de esta era dejó al descubierto la persistencia de viejos vicios en la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). La organización de encuentros ante representativos de escasa jerarquía —como Bolivia, Burkina Faso y Benín— respondió más a criterios de recaudación y giras comerciales que a un proyecto de alta competencia futbolística. A lo largo de veinte años, el talento desbordante de Messi amortiguó los impactos de la improvisación dirigente, disimulando errores conceptuales y desatenciones estructurales tras el brillo de las victorias.
Con la salida del astro, el panorama técnico para el equipo dirigido por Lionel Scaloni entra en una etapa de reconfiguración inevitable. La Selección volverá a conformarse por un bloque de excelentes futbolistas, pero terrenales. El conjunto nacional deberá aprender a desenvolverse sin la ventaja cualitativa de contar con el mejor jugador del mundo para destrabar partidos complejos y transformar lo extraordinario en rutinario.
El verdadero examen para el fútbol argentino comienza ahora. La dirigencia queda desprovista del escudo protector que significaron los destellos de genialidad de su capitán, mientras que el plantel tendrá el desafío de sostener el prestigio alcanzado sin su máxima figura. Messi deja la vara en la estratósfera; la Selección, por su parte, debe demostrar que su mística puede sobrevivir a la partida de su prócer futbolístico.
Fuente: TN / TN Deportivo
Fotografía: Reuters / Rodrigo Valle (Reuters)









