El sol se pone sobre el Atlántico marcando el final de una edición que quedará en la memoria por su clima perfecto y su alto nivel competitivo. Durante 24 horas, los 40 kilómetros de costa que unen Claromecó, Reta y Orense se transformaron en una ciudad lineal de cañas y fogones, donde el «fenómeno social» del que habla la organización se manifestó en todo su esplendor.
Dos jornadas para el recuerdo
Pocas veces el clima ha sido tan generoso con los pescadores. Los dos días de concurso se presentaron con temperaturas agradables y un mar que, pese a la rotación de los vientos hacia el sector este en el tramo final, permitió una pesca cómoda y constante. Esta «ventana» climática no solo benefició a los concursantes, sino que atrajo a miles de familias que se acercaron a la costanera para ser testigos del despliegue logístico y humano más importante de la región.
El regreso de la especie reina
Si algo definió a este 2026 fue la calidad de las capturas. Tras varios años donde la corvina blanca (rubia) ganaba terreno en los puestos de vanguardia, esta edición sorprendió con una cifra que hacía tiempo no se alcanzaba: más de diez corvinas negras en la clasificación oficial.
Este dato no es menor; devuelve al concurso la esencia de su nombre y genera una satisfacción especial en el Club de Cazadores, que ve cómo el esfuerzo por la transparencia y la fiscalización técnica da sus frutos con ejemplares de gran porte que prestigian el podio.
Entre la fe y el asado
En la arena, la experiencia fue diversa. Mientras algunos sectores celebraban piques importantes desde temprano, otros vivían el concurso desde la paciencia y el folklore del campamento. Se vieron menos asados tradicionales debido a la practicidad de los anafes y las conservadoras, pero el espíritu de grupo permaneció intacto.
«Trabajamos para el pescador», decían desde la sede central, y esa premisa se sintió en cada control que recorrió la playa y en cada posta de salud que cuidó a los participantes.
El cierre: la hora de la verdad
Ahora, el murmullo de las olas le cede el protagonismo al escenario central. Con las cañas ya recogidas, la expectativa se traslada a las planillas oficiales y a los grandes sorteos. La sensación general entre los inscriptos es de satisfacción: más allá de los premios millonarios y los vehículos 0km, el premio mayor fue haber compartido dos días espléndidos en una de las canchas de pesca más hermosas del mundo.












