Hay rostros que son sinónimo de confianza en la sede del Club de Cazadores, y el de Osvaldo «Vasco» Goizueta es, sin duda, uno de ellos. Su historia con la institución nació casi por casualidad, una tarde de aburrimiento frente a la sede, y hoy es el hombre que custodia el momento más crítico para cualquier pescador: el pesaje oficial.
Del aburrimiento a la responsabilidad
«Esto empezó como jugando», recuerda Goizueta entre risas. «Vivo frente al club y un día que estaba aburrido los vi trabajando y me crucé a colaborar». Lo que comenzó como una ayuda vecinal se transformó en una vocación de más de dos décadas, tomando la posta en la balanza en una época donde figuras como Pablo (ex presidente del club) ya empezaban a marcar el rumbo de la institución.
Precisión absoluta: gramos y centímetros
El «Vasco» opera una balanza de precisión que es el terror y la esperanza de los participantes. «La balanza de las corvinas pesa hasta cinco kilos y marca gramo por gramo«, explica. En un concurso tan reñido, el pesaje es solo el primer paso. Goizueta reveló un detalle reglamentario que a veces el público olvida: el desempate por longitud.
«Si hay una igualdad de peso, la pieza se remite al ictiólogo para medirla. La más larga es la que prevalece y va arriba en la clasificación. Es distinto al automovilismo; acá no gana el que hizo el tiempo primero, sino el pez de mayor longitud».
La era de la transparencia digital
Para Goizueta, la irrupción de las redes sociales ha sido un aliado inesperado para la tranquilidad de todos. «Facebook es muy bueno porque hoy los pescadores están filmando todas las piezas en la playa. Eso le da muchísima seguridad tanto al pescador como al club», asegura el Vasco, quien recibe cada corvina «lavadita» antes de colocarla en la bandeja.
El merecido descanso del guerrero
A pesar de su entusiasmo, los años y la organización han impuesto un nuevo ritmo. Si bien antes pasaba las 24 horas en vela, ahora sus compañeros le exigen un descanso. «A las ocho de la noche ya me empiezan a decir que me vaya a dormir», bromea.
El Vasco cumple su turno hasta la medianoche, momento en que deja la posta en manos de Tito Ruel y Juan Carlos de Benedetto, mientras que el equipo de anotadoras (como Sonia y las demás chicas) garantizan que cada gramo quede debidamente registrado para la posteridad.








