El reloj marcaba las dos de la mañana y el cuerpo de Martín Fauret ya no resistía más. El frío calaba hondo en la costa y el cansancio pedía tregua. Sin embargo, en ese momento donde la mayoría decide guardar la caña, Martín decidió apostar a un «último tiro» con langostino antes de irse a dormir. Lo que siguió fue un pique distinto, una corrida hacia la piedra y la captura que hoy lo tiene en la cima del concurso.
La suerte del principiante (y el empujón familiar)
Para Fauret, vecino de Benito Juárez, estar hoy en el tercer puesto provisorio es un sueño surrealista. Es su primera vez en el concurso del Club de Cazadores. «Mi amigo José Valdés me insistió y mi señora me jodía: ‘Dale, andá’. Fui el último día a comprar la inscripción», relata Martín, todavía incrédulo. Hace apenas quince días había estado probando suerte en la misma zona sin sacar absolutamente nada; hoy, la historia es otra.
«No sabíamos nada»
Uno de los momentos más curiosos de su relato es el aislamiento que vivió tras la captura. Sin radio, sin internet y sin señal de celular, Martín pasó 12 horas custodiando su caña sin saber si su pieza seguía en el clasificador.
«Pasó un control y le pregunté si mi corvina había entrado. No teníamos balanza, no sabíamos nada. Mientras averiguaban por radio, me volvió a picar la caña, pero esa se me metió en la piedra y la perdí. ¡Podrían haber sido tres!», cuenta entre risas y nervios.
Una revolución en Juárez
La noticia de que un juarense está en el podio tras años de ausencia en los primeros puestos generó una verdadera revolución en su ciudad natal. «Tengo mensajes y llamadas de todo el mundo. Me duele la panza, tengo frío, no tengo hambre… estoy esperando que lleguen las 15:00», confiesa quien pasó de estar veraneando con su familia a ser el protagonista de la ganchera.
La rapidez de los fiscales, que estaban a solo 20 metros al momento de la extracción, permitió que la pieza fuera validada al instante. Ahora, solo resta esperar el cierre oficial para que Martín Fauret pueda llevarse a Benito Juárez no solo una anécdota inolvidable, sino uno de los grandes premios de esta 64° edición.








