Si el podio de las corvinas fue vibrante, lo que se vivió con el ganador de la Variada no se quedó atrás. Juan Pablo Arballo, conocido por todos como «Coquito», logró una captura descomunal que lo puso en lo más alto del clasificador: un chucho de 17,550 kg. Pero más allá del peso y del premio, su victoria tuvo un motor invisible que conmovió a los presentes.
«Solo con la reposera»
A diferencia de las grandes logísticas, Juan Pablo relató su hazaña con una sencillez asombrosa. «Estaba solo con la reposera, con la caña adelante. Pegué un pique y ahí arrancó todo», contó todavía con la adrenalina a flor de piel. Sin ser un «pescador nato», como él mismo se define, «Coquito» bajó a la playa gracias a la ayuda de su cuñado y amigos, ya que no contaba con vehículo propio para acceder a la zona del Médano Blanco.
Una fuerza de otro plano
La entrevista tomó un tono profundo cuando Arballo, entre saludos y abrazos de «genio» y «merecido», reveló el trasfondo emocional de su participación. El triunfo llegó apenas dos días después de un aniversario muy doloroso.
«Se lo dedico a mi familia, a mis cuñados, a mis suegros que no están y a mi viejo, que el viernes fue el aniversario de su fallecimiento. Él siempre me da fuerza», confesó con la voz entrecortada, encontrando en este premio un consuelo divino tras el esfuerzo en la arena.
El pesaje de la gloria
La captura se produjo apenas iniciada la madrugada, a las 00:30 horas, en un sector que este año fue esquivo para muchos pero que a Juan Pablo le entregó la pieza de su vida. Con 17 kilos y medio, su chucho se volvió inalcanzable para el resto de los competidores, asegurándole un lugar de privilegio en la historia de la 64° edición.
Hoy, «Coquito» Arballo no solo se lleva un gran premio a casa; se lleva la certeza de que, en la inmensidad del Médano Blanco, no estuvo tan solo como creía frente a su caña.











