En el marco del Día Internacional del Celíaco, Gladys Díaz relata cómo transformó una necesidad vecinal en un referente de la elaboración artesanal. Con más de dos décadas de trayectoria, su local se especializa en ofrecer productos seguros y variados en Tres Arroyos.
El proyecto nació hace 22 años a raíz del diagnóstico de celiaquía de la maestra de jardín de su hija, en un contexto donde la oferta de productos artesanales aptos era prácticamente nula y la materia prima debía traerse desde La Plata. Gladys comenzó elaborando de forma casera en 2004 siguiendo un recetario de la Asociación Celíaca y, con el tiempo, la demanda de otras madres la llevó a transformar el jardín de su casa en un local comercial tras obtener una ordenanza municipal específica.
A pesar de que su esposo trabaja desde hace 46 años en un molino harinero, en el establecimiento rige una política de seguridad estricta donde no ingresa ningún producto con gluten para garantizar la ausencia total de contaminación cruzada. El negocio destaca por su innovación constante, ofreciendo desde panificados básicos hasta productos complejos como sándwiches de miga, pastas, empanadas y pastelería tradicional como churros y pasteles, abasteciendo también a confiterías y pizzerías de la zona.
Díaz advirtió sobre la brecha económica que enfrentan los consumidores, señalando que el kilo de harina sin TACC puede costar hasta cuatro veces más que la harina de trigo común debido a la falta de regulación y los costos de homologación de las plantas. No obstante, resaltó que su público se ha diversificado, ya que hoy no solo cocinan para celíacos, sino también para personas intolerantes, diabéticos y niños con autismo que requieren dietas libres de harinas blancas por recomendación médica.






