La posible conformación de un interbloque peronista en el Concejo Deliberante ya generó rispideces entre quienes conforman las respectivas bancadas.
Coexisten desde la semana pasada, cuando el rumor tomó fuerza en los pasillos del Legislativo, dos posiciones bien diferenciadas entre los cuatro clanes con ADN justicialista: una proclive a la unidad y otra que se muestra reticente a moverse en sintonía.
Mientras que los impulsores de la fumata blanca, Julio Federico y Martín Garrido, cosecharon la adhesión de la monobloquista kirchnerista Mercedes Moreno pero sólo para el trabajo puntual en temas comunes, desde el massismo le pusieron un coto a la versión.
Un sector del Frente Renovador (1País, desde octubre) auguró que no todos los que forman parte del espacio (el propio Federico junto a Matías Fhurer y Andrea Montenegro) se sumarían a la confluencia de tribus. En el espacio prima la cautela y la moderación, que en política suele traducirse como negociación para ganar poder interno.
El pasado 8 de enero, este medio tomó conocimiento de que el informal grupo se forjaría al calor de la primacía de Cambiemos y el Movimiento Vecinal, a quienes ven con indisimulable cercanía luego de la cesión de la presidencia en manos del lilista Matías Meo Guzmán.








