El panorama financiero de la Argentina atraviesa un período de renovada volatilidad e incertidumbre. En las últimas jornadas, el indicador de riesgo país elaborado por JP Morgan hilvanó diez alzas consecutivas hasta ubicarse por encima de los 600 puntos básicos —tras alcanzar un pico intradiario de 642 puntos—, mientras que el dólar oficial cotizó firme en $1545 en la pizarra del Banco Nación y en $1524,50 en el segmento mayorista. Este comportamiento de las variables clave responde a una combinación de factores externos desfavorables y crecientes tensiones en el plano doméstico.
A nivel internacional, el rendimiento al alza de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos encarece el crédito global y reduce el atractivo hacia los activos de mercados emergentes, a lo que se suma la presión inflacionaria derivada del incremento en el precio internacional del petróleo. Sin embargo, los analistas coinciden en que la atención del mercado se traslada crecientemente hacia los desequilibrios y desafíos de la economía local.
Entre las principales señales de alerta se destaca la desaceleración en la compra de divisas por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA). A pesar de que la liquidación del sector agropecuario se ha mantenido en volúmenes sostenidos cercanos a los US$ 300 millones diarios, la autoridad monetaria ha captado montos marginales (apenas US$ 29 millones en la última semana) debido a un aumento significativo en la demanda de cobertura cambiaria. Esta menor dinámica de acumulación reduce el colchón de reservas brutas —que actualmente representan apenas un 7,1% del PBI, sensiblemente por debajo del promedio regional— y genera dudas respecto a la capacidad de afrontar con holgura los abultados compromisos de deuda en moneda extranjera previstos para 2027, calculados en torno a los US$ 25.000 millones.
A este complejo frente financiero se suman indicadores preocupantes en la economía real. La contracción del 2,9% mensual en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de julio y el nivel de pobreza del 32,3% colocan a la economía al borde de una recesión técnica. La falta de reacción en rubros altamente generadores de empleo —como la industria, la construcción y el comercio— achica el margen del equipo económico y empieza a condicionar las expectativas de cara al horizonte político.
Fuente: TN (Todo Noticias) / Redacción de Economía (Julia D’Arrisso)
Fotografía: AP / Matilde Campodónico – Reuters





