El arribo del papa León XIV al país y su esperada cita institucional en el Palacio Libertad no solo convocan la atención de la agenda política y religiosa, sino que actúan como un catalizador de tensiones latentes dentro del oficialismo. En medio de este escenario de alta exposición, las diferencias entre la Casa Rosada y la senadora Patricia Bullrich terminaron de romper el delicado equilibrio que se sostenía tras las últimas reuniones en la Quinta de Olivos.
Lejos de mostrar una fachada unificada, los movimientos de la jefa de bloque parlamentario encendieron alarmas en el entorno presidencial. En los pasillos gubernamentales comenzaron a circular, todavía en voz baja pero con firmeza, advertencias directas hacia la figura de la senadora y los legisladores que le responden, deslizando la posibilidad de retacearles lugares protagónicos en las listas de cara a los comicios del próximo año.
La distancia entre ambas terminales de poder se profundizó notablemente en las últimas semanas, marcadas por cortocircuitos legislativos en temas sensibles y por posturas disímiles frente a la coyuntura internacional y económica. Mientras desde el sector bullrichista defienden una agenda propia y reclaman mayor protagonismo, en el oficialismo interpretan estos movimientos como una estrategia de diferenciación e incluso deslizan críticas severas sobre el rumbo de sus tratativas políticas.
Con el telón de fondo de una agenda atomizada y un clima parlamentario cada vez más espeso —atravesado también por las demandas de los gobernadores provinciales en torno al Presupuesto—, la cumbre con el Sumo Pontífice promete dejar tantas lecturas litúrgicas como inevitables y gélidos cruces políticos en la primera plana del poder.
Fuente: Infobae
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