Un intenso viento sur sumado a la marea alta desde tempranas horas signaron el segundo día de la segunda quincena y obligaron a los turistas a recluirse.
Una poco auspiciosa jornada arrojó postales ajenas al mes de enero, en donde el agua llegó incluso a los pies de varios paradores costeros y en donde las gaviotas fueron testigos mudas de los caprichos de la Naturaleza.
Refugiados, los veraneantes reemplazaron la arena por los placeres gastronómicos y el regreso de la tradicional siesta postalmuerzo.









