En la inmensidad de las playas de Reta, el folklore del concurso de pesca más grande del país se vive a través de los campamentos familiares. Entre banderas de clubes y el aroma a leña encendida, un grupo de amigos y familiares oriundos de Tres Arroyos refleja la esencia de las «24 Horas»: la unión, la competencia sana y, sobre todo, el placer de compartir el momento.
Entre el tablón y la caña
El grupo, encabezado por Alexis Politano y Ceferino Petela, destaca por su diversidad… al menos en lo deportivo. El campamento es un crisol de identidades donde conviven remeras de Boca Juniors con banderas de River Plate, del Club Nacional y, por supuesto, de la Selección Argentina.
«Lástima que la bandera lleve el escudo del descendido», bromeó Alexis, desatando las risas del grupo y demostrando que las chicanas futboleras son el condimento ideal para matizar la espera del pique. Sin embargo, todos coinciden en que la Celeste y Blanca es la que une a la delegación frente al mar.
El «as de espada» en la cocina
No todos en el grupo tienen la mirada puesta exclusivamente en el nailon. La logística es fundamental para resistir las 24 horas de competencia, y ese rol recae en el cocinero designado. «Esta noche salen unos bifes al disco con bastante cebolla y morrón. Si no se come bien, no se pesca», aseguraron, confiando en que el reparo que armaron sea suficiente para combatir el viento que sopla en la zona.
Superando imprevistos mecánicos
La suerte del pescador empezó a ponerse a prueba incluso antes de lanzar el primer plomo. El grupo originalmente tenía planeado ubicarse en otro sector, pero un inconveniente mecánico cambió los planes. «Se nos rompió el burro de arranque de la chata, así que tuvimos que venir para este lado. Pero bueno, si la suerte se tiene que dar, se va a dar en cualquier lado», explicaron con optimismo.
Para atraer a la ansiada corvina, los tresarroyenses llegaron «armados» con una variedad completa de carnada que incluye langostino, camarón, mejillón y lombriz, cubriendo todas las posibilidades gastronómicas del mar. Con la fe intacta y el disco listo para arrancar, Reta se convierte para ellos en el escenario perfecto de una nueva aventura compartida.










