A escasos minutos de que se lance el primer plomo al agua, la sede del Club de Cazadores se convierte en el búnker de precisión de la 64° edición. Allí, Juan Manuel Piscicelli lidera el equipo responsable de que cada corvina que llegue desde la playa cumpla estrictamente con el reglamento. En un concurso donde un gramo o un milímetro pueden definir el dueño de una camioneta 0km, la ciencia y la fiscalización no dejan nada al azar.
El factor naturaleza: mareas y «repuntes»
Piscicelli analiza las condiciones previas con cautela profesional. Aunque el viento ha ganado velocidad, el estado del mar sigue siendo prometedor. El especialista destaca que la dinámica del certamen estará marcada por cuatro regímenes de marea (dos bajamares y dos pleamares) a lo largo de los 40 kilómetros de costa.
«El concurso arranca con el mar bajando. Cerca de las ocho de la noche, con el mar más lleno, se espera estadísticamente una mayor cantidad de piezas, pero en esto también juega el azar y el movimiento de los peces», explicó el responsable de fiscalización.
El paso a paso: del mar a la planilla oficial
Para evitar cualquier tipo de irregularidad, el proceso de recepción de las piezas sigue un protocolo rígido que Piscicelli detalló para llevar tranquilidad a los competidores:
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Limpieza inicial: La pieza se lava profundamente para eliminar arena o cualquier materia extraña.
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Pesaje: Se verifica que supere el peso mínimo de clasificación (1,500 kg).
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Medición técnica: Se toma la longitud total (del hocico a la cola), dato clave que servirá para desempatar en caso de pesos idénticos.
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Análisis anatómico: Piscicelli realiza una inspección observacional externa y luego procede a la apertura del ejemplar para validar su estado natural.
Transparencia y trabajo cooperativo
En caso de detectarse alguna anomalía en la pieza, el protocolo se vuelve aún más riguroso. «Si hay algo extraño, trabajamos con otras técnicas y de manera colaborativa entre los controles y la fiscalización interna del club para determinar la veracidad de la pieza», señaló Piscicelli.
Este nivel de detalle busca asegurar que el esfuerzo de los miles de pescadores que hoy desafían al viento sea respetado, garantizando que el podio de las 24 Horas de la Corvina Negra sea ocupado solo por ejemplares legítimos y capturados bajo todas las de la ley.









