La demanda de crédito por parte del sector agroindustrial argentino experimentó un marcado dinamismo durante el último año. De acuerdo con un relevamiento elaborado por la entidad Coninagro, el financiamiento destinado a las actividades agropecuarias registró un incremento interanual del 37%, lo que representó un volumen adicional de casi US$ 3.300 millones inyectados al circuito productivo.
A partir de este repunte, la participación del campo en la torta general del crédito dentro del sistema financiero nacional se elevó al 30,5%, consolidando un avance de casi dos puntos porcentuales en comparación con el 28,7% registrado hace doce meses. El comportamiento del mercado crediticio mostró además un sesgo bien marcado respecto al costo financiero: los productores y firmas del sector volcaron su preferencia a herramientas en moneda extranjera debido a las tasas más competitivas en dólares, mientras que el costo en pesos mantuvo un encarecimiento relativo.
Al analizar el desempeño por ramas de actividad, el incremento de las obligaciones fue generalizado en 9 de los 12 sectores monitoreados. El impulso principal estuvo liderado por el segmento agrícola tradicional —cereales, oleaginosas y forrajeras—, que captó US$ 1.597 millones adicionales, lo que implicó un salto del 46% interanual. Por su parte, la industria de procesamiento de carnes, aceites, frutos y legumbres sumó financiamiento por US$ 1.407 millones, marcando una expansión del 62%. En el ámbito ganadero, el stock de deuda del sector porcino trepó a US$ 79,8 millones, un indicador que equivale a US$ 9,4 por animal faenado o a 6,7 kilos de capón, lo que refleja indicadores de solidez y bajo nivel de apalancamiento relativo respecto al volumen de producción.
Desde las entidades del sector remarcaron que, si bien este crecimiento de la masa crediticia brinda oxígeno operativo para encarar la preparación de campañas y la actualización tecnológica, la oferta global de financiamiento de largo plazo aún resulta insuficiente para cubrir la totalidad de las necesidades estructurales y de inversión de la agroindustria.
Fuente: Infocampo / Coninagro
Fotografía: Infocampo / Archivo Agropecuario








