A pesar de las insistentes afirmaciones del equipo económico sobre un esquema de flotación para la moneda estadounidense, la praxis diaria del Banco Central de la República Argentina (BCRA) responde a un minucioso esquema de sintonía fina para preservar la estabilidad de la cotización y contener las expectativas inflacionarias.
La marcada desaceleración en el ritmo diario de compra de reservas registrada en las últimas semanas no responde a un agotamiento de la oferta exportadora, sino a un cambio deliberado de táctica. Desde el organismo monetario sostienen que las intervenciones actuales buscan atenuar desfasajes técnicos y movimientos especulativos sin fijar un precio artificial, priorizando la estabilidad cambiaria y la absorción de pesos emitidos por sobre la acumulación compulsiva de divisas.
A este escenario se suma la estacionalidad propia del segundo semestre, período caracterizado por una menor liquidación del sector agroexportador y un incremento gradual en la demanda privada de dólares. El trasfondo del plan oficial consiste en administrar el volumen del mercado mientras continúe siendo reducido, esperando que la economía real absorba los shock y comience a generar divisas de manera genuina.
Sin embargo, en el horizonte de la City financiera se avizora un «tsunami» de liquidez y demandas de divisas de cara al último tramo del año, impulsado por compromisos comerciales, giras de utilidades y los cierres de balances anuales. La gran prueba para la autoridad monetaria será sostener el frágil equilibrio de las variables sin comprometer el nivel de reservas ni forzar una aceleración en el ritmo de devaluación.
Fuente: LA NACION / Análisis económico de Agustín Maza.
Fotografía: Archivo LA NACION / Banco Central de la República Argentina (BCRA).





