El reino de Noruega ha entrado en luto oficial tras confirmarse la muerte del rey Harald V a los 89 años. El Palacio Real de Oslo informó que el monarca falleció pacíficamente este viernes a las 06:35 hora local (04:35 GMT) en el Hospital Nacional de Oslo, donde permanecía internado desde la semana pasada recibiendo tratamiento por anemia hemolítica, una rara afección sanguínea que desgastó su salud en los últimos meses. Su hijo y príncipe heredero, Haakon, asumirá la corona de manera inmediata.
Harald V deja un legado histórico incalculable: fue el primer monarca nacido en suelo noruego desde el siglo XIV y condujo la institución real durante 35 años bajo una clara premisa de apertura, austeridad y profunda empatía popular. Conocido como el «rey del pueblo», conquistó el afecto de su nación no solo por su sencillez, sino por haber impulsado una drástica modernización que volvió a la monarquía noruega más transparente e igualitaria.
Ese espíritu de ruptura quedó plasmado desde su juventud. Para concretar su matrimonio con Sonja Haraldsen, hija de un empresario local, Harald debió enfrentar durante nueve años la oposición de su padre, el rey Olaf V, quien pretendía un enlace con la realeza europea. La firme decisión del entonces príncipe —quien amenazó con permanecer soltero si no se le permitía casarse con el amor de su vida— derivó en la histórica boda de 1968. Ese precedente transformó para siempre las normas dinásticas de la casa Glücksburg y abrió el camino para que sus propios hijos siguieran sus pasos.
A lo largo de su reinado, Harald se consolidó como una figura de contención indispensable. Su temple quedó grabado en la memoria colectiva tras los trágicos atentados perpetrados por el extremista Anders Breivik en Oslo y la isla de Utøya en 2011, cuando un conmocionado monarca encabezó el duelo de la nación pidiendo responder al horror con más democracia y empatía. Años más tarde, en 2016, su discurso a favor de la diversidad étnica, religiosa y de género dio la vuelta al mundo como un modelo de inclusión institucional.
Los últimos años de su gestión, no obstante, no estuvieron exentos de turbulencias. La Casa Real debió capear severos vendavales mediáticos y judiciales debido a la condena por violación dictada contra Marius Borg Høiby —hijo de la princesa heredera Mette-Marit— y las controversias derivadas de los vínculos pasados de la propia Mette-Marit con el fallecido financiero norteamericano Jeffrey Epstein, eventos que impactaron en los índices de aprobación de la corona. A ello se sumaron las complejas intervenciones de salud de la familia, entre las que se cuenta el reciente trasplante pulmonar al que fue sometida la futura reina consorte.
A pesar de los vientos de cambio y los escándalos colaterales, la figura de Harald V permaneció prácticamente blindada al afecto de los ciudadanos, quienes lo despidieron masivamente con ofrendas florales a las puertas del Palacio de Oslo. Le sobreviven su esposa, la reina Sonja; sus hijos, la princesa Märtha Louise y el nuevo rey Haakon; y seis nietos. Noruega despide así no solo a un jefe de Estado, sino al gran articulador de su identidad contemporánea.
Fuente: BBC Mundo
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