El ingeniero forestal Alejandro Camporini impulsa la plantación de pino piñonero en la costa del distrito y ya concretó envíos a España.
Una iniciativa nacida hace más de dos décadas en Claromecó comienza a dar resultados concretos. El ingeniero forestal Alejandro Camporini, tresarroyense radicado en la localidad balnearia, logró exportar piñones comestibles a Europa tras años de plantación, manejo y espera.
Camporini explicó que su vínculo con la especie se remonta a la infancia, cuando recolectaba piñones junto a su familia en la Estación Forestal de Claromecó. Ya recibido como ingeniero forestal, comenzó a incluir la variedad en distintos proyectos de forestación en la costa del distrito y zonas aledañas.
La especie en cuestión es el Pinus pinea, conocido como pino piñonero, característico por su copa en forma de parasol y por producir el piñón blanco comestible, muy demandado en la gastronomía mediterránea.
En 2018, junto al inversor Ariel Zaconi, inició un proyecto de mayor escala en un campo del partido de Coronel Dorrego, donde avanzan con plantaciones específicas de esta variedad. Sin embargo, algunas de las primeras forestaciones realizadas por Camporini hace más de 20 años comenzaron a producir recientemente, lo que permitió concretar las primeras exportaciones.
“La exportación fue más que nada una experiencia para ver cómo se movía el producto. Eran pequeñas cantidades, pero sirvió y el resultado fue bueno”, señaló.
Los envíos se realizaron a España, a través de un contacto establecido hace años con un productor catalán dedicado al rubro. El principal mercado consumidor es europeo, especialmente España e Italia, donde el piñón es un insumo clave en múltiples preparaciones tradicionales.
En la cocina mediterránea, el piñón es protagonista del pesto genovés —típico de la región de Liguria en Italia— y se utiliza en panificados, pastelería y platos salados de alto valor agregado.
El proceso productivo es completamente artesanal. La cosecha se realiza entre junio y octubre, antes de que la piña se abra en el árbol. Los trabajadores deben trepar manualmente para cortar las piñas, que luego se secan al sol hasta abrirse. Posteriormente, mediante una máquina moledora se extrae la semilla, y con otra partidora se obtiene el piñón blanco listo para consumo.
De una tonelada de piñas se obtiene apenas un 4% de semilla, es decir, unos 40 kilos, lo que explica el alto valor comercial del producto.
Camporini detalló que actualmente la producción es limitada, por lo que las exportaciones se realizaron en dos oportunidades, acumulando cosechas de distintas temporadas. No obstante, el objetivo a futuro es ampliar la escala y, además, desarrollar un mercado interno que permita posicionar al piñón como producto regional de Claromecó y del distrito.
El emprendimiento también se articula con experiencias de forestación previas en distintos puntos del partido, como Orense, Reta y zonas rurales costeras, donde el profesional impulsó la plantación de esta especie.
Con paciencia, planificación y visión a largo plazo, el proyecto comienza a consolidarse. La iniciativa abre la puerta a diversificar la matriz productiva local y a proyectar a la región como potencial productora de un alimento gourmet con demanda internacional.





