Un aguacero y el viento atenuado obligaron al éxodo en las playas claromequenses.
Luego de un amanecer con calor e inestabilidad, además del consabido factor eólico característico de la costa local, las condiciones metereológicas fueron decreciendo hasta convertirse en un chaparrón que expulsó a los pocos turistas que se animaron a pisar la arena.







