Nueva Zelanda es uno de los pocos países en donde no hay transmisión comunitaria de coronavirus luego de una agresiva campaña gubernamental de estricto confinamiento.
El país inició, semanas antes, lo que llamó estrategia de «eliminación» de la curva de contagios, alternativa a la «mitigación» que se practica en otros países; sin embargo, la virtual desaparición de contagios llevó al gobierno a anunciar la entrada en vigencia de actividades económicas tras registrar casos diarios de un dígito y escasos decesos.
En comunicación con Radio 3 desde Auckland, el diseñador gráfico Jaime Callá (quien se encuentra junto a su esposa Ruth y sus hijos Gino de 9 años y Maite de 10 años) remarcó que la sociedad neozelandesa asumió concientemente la necesidad de respetar las restricciones pero indicó que fueron medidas similares a las de nuestro país.
«Es bastante similar el procedimiento: la mayor diferencia con Argentina es la complejidad de la realidad, las normas que se aplican son más eficaces por el tamaño de la población y es más simple porque hay igualdad, es más fácil el acceso a cumplir porque son responsables. Fue rápida la reacción del Gobierno y lo único que se mantuvo fueron los servicios esenciales, el que puede trabajó desde su casa y el que no, no trabajó», focalizó.
Consultado sobre el proceder de la sociedad, Callá indicó que «el tipo de crisis habitacional es distinta a la de Argentina porque no hay villas miserias y eso fue un factor importante para hacer eficaz. El que transgrede es denunciado y no hubo sobreprecios como tampoco hay inflación».









