El comerciante Eduardo Ridino, referente de una de las panaderías más tradicionales de Tres Arroyos, trazó un panorama extremadamente complejo para el sector. En diálogo con Radio 3, afirmó que las ventas han caído cerca del 50%, un dato que revela la magnitud de la crisis en un rubro históricamente esencial en la mesa de los argentinos.
“Nuestro rubro es diario, y ha bajado muchísimo. Hay muy pocos días de buena venta”, explicó, subrayando que el descenso no obedece ya solo a cambios de hábito, sino a un fuerte deterioro del poder adquisitivo. “El pan siempre fue el primer alimento en una casa. Hoy, aun siendo de lo más barato, resulta caro para mucha gente”.
Ridino reconoció que la situación afectó incluso la producción de las panaderías tradicionales. “La fabricación de masas de confitería prácticamente desapareció. Hacer para tirar no sirve, y hacer muy poco tampoco”, sostuvo. En su caso, la elaboración de productos de miga es lo que aún permite sostener la actividad.
Consultado sobre si puede compararse la actualidad con la crisis del 2001, fue contundente: “Creo que este momento es peor. En 2001 todavía había consumo. Hoy está todo estancado”. Agregó que, mientras los salarios quedan inmóviles, los costos siguen subiendo: “La harina aumentó y también bajó mucho la distribución. Las empresas ya no completan camiones para mandarla”.
El comerciante también hizo referencia al valor del pan en mostrador. “El kilo de pan está en 3.000 pesos, no lo podemos tocar más. Es muy barato en relación a otras cosas, pero para un sueldo es un número”.
En cuanto a la producción de pan dulce para las fiestas, advirtió que es casi inviable competir con los precios de supermercados: “Un pan dulce artesanal bueno no puede bajar de los 20.000 pesos. Es imposible compararlo con los productos industriales a menor precio”.
Ridino, al frente de una panadería con 150 años de historia, aseguró que este es uno de los peores momentos que le ha tocado atravesar el negocio familiar. Además, reveló un dato que describe la dimensión social de la crisis: “Todos los días hay gente pidiendo lo que sobra, incluso con vergüenza porque han perdido el trabajo”.
Sobre el final, compartió una reflexión sobre el esfuerzo y el trabajo en tiempos de incertidumbre. “La Argentina siempre sale adelante porque la gente no baja los brazos. Hay que ponerle garra, aunque cueste. El panadero se levanta a las cuatro de la mañana toda la vida”.
Con esperanza pero también con crudeza, Ridino deseó que el país encuentre pronto un rumbo que alivie la situación de comerciantes y trabajadores: “No tendría que ser así, tan inestable. Pero estamos acostumbrados. Ojalá llegue un golpe de timón”.





