Nota realizada para El Periodista de Tres Arroyos en abril de 2013
Nicandro Goroso: “Bottino era todo”
Nicandro Goroso fue uno de los tantos jugadores reclutados por Roberto Lorenzo Bottino para jugare en Huracán, hizo las inferiores en Ferro Carril Oeste, jugó en Atlanta y en varias ciudades del interior hasta que llegó a nuestra ciudad, integró grandes equipos del globo jugando al lado de Olivieri, Luna y Palacios entre otros.
Nicandro Goroso llegó a Huracán en la segunda mitad de la década del 60, integró equipos que dirigió Lorenzo Ceballos y logró campeonatos vistiendo el globito a la altura del corazón, una lesión en la rodilla lo obligó a abandonar el fútbol en 1972, aquí su historia con el fútbol contada en primera persona.
“Hice las inferiores en Ferro Carril Oeste, y jugando en los torneos Evita que se hacían antes, fui visto por Antonio Ganduglia que estaba con las inferiores de Boca y me convocó a una prueba que se hacía en la isla Maciel, a la que concurrí, vivía en Provincia y fue difícil llegar hasta la cancha de San Telmo donde se hacía esa prueba, sin embargo llegué y jugué, pero el destino quiso que cuando llegué a mi casa me estaban esperando para que pasara a Atlanta y me hice jugador de Atlanta, al poco tiempo me volvi a cruzar con Ganduglia y me preguntó que había pasado conmigo y luego de escuchar que me había pasado a Atlanta, él me dijo que hubiera quedado en Boca”.
“En Atlanta debuté en Primera división a los 16 años, pero sufrí una lesión en el “talón de Aquiles” y quedé sin jugar bastante tiempo hasta que me llevaron a Vélez para hacer una prueba, ahí estaba Victorio Spinetto como técnico, hice una buena práctica pero como no tenía nombre me dijo que en vez de hacerme contrato en Vélez me conseguía un equipo en General Pico y así comencé a salir al interior”
“Ser jugador de fútbol me costaba mucho sacrificio, trabajaba en la fábrica Grimoldi raspando suela, apenas almorzaba lo que podía, venía de una familia pobre y después de la jornada de trabajo iba a entrenar, no te imaginas lo que quedaba de mi, llegaba al domingo muy cansado, por eso entiendo que no pude triunfar en el fútbol”
“En otro momento me levantaba a las 3 de la mañana para manejar un micro que salía de Boedo y San Juan llegando a Morón, al mediodía me relevaban y me iba a trabajar al Autodromo, como ves para entrenar tenía que hacer mucho sacrificio”.
“Estando en el Autodromo, un día me vino a ver una persona que me dijo que le firmara el pase y me daba una buena suma de dinero, era un representante de jugadores, me entusiasmé, era realmente mucha plata, pero tuvimos un desencuentro y me quedé sin el representante, la verdad fue una gran desilusión”.
“Pasé por varios clubes y ciudades del interior, antes de llegar a Tres Arroyos jugué en Juan N. Fernández, era increíble, un equipo entero de Buenos Aires éramos y nos pagaban muy bien, además si ganábamos un partido importante cuando salíamos de los vestuarios la gente nos ponía billetes en los bolsillos, estando allí integré la selección de Necochea y fue jugando en esta selección que me vio Bottino”
“No me acuerdo si gambeteaba, si pateaba mucho al arco, a veces me ponían de 10, te digo que me acuerdo que yo jugaba para llevar plata a casa, tenía dos nenas”
“Vine casi con 30 años, Adolfo Luna me fue a buscar y me llevó a su casa, hicimos una práctica que le gustó a Roberto (Bottino) y quedé en Huracán”.
“Bottino fue una gran persona, nos conseguía trabajo, siempre cumplía sus promesas, era todo, sin desmerecer a nadie, una persona muy inteligente”
“Teníamos un orgullo bárbaro de jugar en Huracán, eso que la mayoría no era de acá, pero sentíamos la camiseta, íbamos por la calle con la frente alta, no sabes lo que corrían Berrino, Guarino, te dejaban el alma en la cancha”
“Hacíamos diferencia física con todos, no porque entrenáramos más que los otros, yo creo que la diferencia estaba en que la mayoría de los muchachos que jugaban contra nosotros eran albañiles, tractoristas, y después de trabajar todo el día entrenaban y cuando llegaba el domingo, nosotros
estábamos más descansados y de mitad de partido para adelante les hacíamos diferencia”
“A los 35 años tuve una lesión seria en la rodilla y marcó mi despedida de las canchas, el club Huracán se portó muy bien conmigo, me llevaron a Buenos Aires para que me atiendan y no me faltó nada, pero aquella lesión fue mi despedida de las canchas”.









