Hay canciones que funcionan como un pasaje directo a la memoria emotiva de un país, y «Los Calzones» poseen un catálogo entero de ellas. Formada a fines de los años ochenta en la localidad bonaerense de Burzaco, la agrupación que popularizó el ska con sellos de fiesta, identidad de barrio y crítica cotidiana se mantiene tan activa como en sus comienzos, respaldada por una tribuna fiel que renueva su fervor en cada presentación.
El recorrido de la banda ha estado históricamente entrelazado con una postal inconfundible del imaginario juvenil argentino: la ciudad de San Carlos de Bariloche y los viajes de egresados. Lo que comenzó como una serie de presentaciones estacionales terminó consolidándose como un fenómeno cultural donde sus himnos fiesteros se transformaron en el refrán infaltable de miles de estudiantes de todo el país que celebraban el fin de la etapa escolar.
A lo largo de su carrera, la formación supo transitar la autogestión y el éxito masivo sin perder la frescura que los caracterizó desde sus primeros ensayos en el Conurbano. Entre giras internacionales, discos autogestionados y colaboraciones con figuras de la música latinoamericana, la banda logró sostener una estética visual y musical propia basada en los vientos estridentes, las guitarras a contratiempo y una contagiosa energía de escenario.
En diálogo sobre su vigencia y la relación con las distintas capas de público que se suman a sus shows, los integrantes de la banda destacan que el secreto reside en no perder la honestidad frente al instrumento ni el respeto por las raíces del género. Lejos de dormirse en la nostalgia, «Los Calzones» continúan recorriendo escenarios, demostrando que la fiesta que iniciaron hace más de treinta años mantiene el pulso intacto.
Fuente: Clarín
Fotografía: Clarín / Archivo fotográfico












