Como sucede en cada receso del calendario, la ciudad adquirió una impronta particular.
El intenso ritmo matinal del centro tresarroyense trocó en quietud absoluta, con motivo del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas.
Sólo unos pocos transeúntes y ciclistas, testigos mudos de la situación, se atrevieron a desafiar el impasse de la jornada.








