Eugenio «Coco» Galilea, dialogó con Radio 3 Continental y repasó la historia del negocio familiar, además de analizar el presente que atraviesa el comercio local.
El comercio abrió sus puertas el 11 de junio de 1945 de la mano de su padre, quien llegó desde La Dulce para instalarse en calle Colón 447, donde aún hoy continúa funcionando. Desde entonces, la firma se consolidó gracias a la calidad de sus productos, la atención personalizada y el vínculo construido con generaciones de clientes.
«Mi casa estaba atrás del negocio, así que me crié prácticamente acá adentro», recordó Galilea, quien destacó cómo el comercio ha sido parte de la vida de toda la familia. «Después lo vi repetirse con mis hijos y ahora con mis nietos, que también juegan entre la ropa como hacía yo cuando era chico», comentó con nostalgia.
Con décadas detrás del mostrador, Coco asegura que aún conserva una habilidad que sorprende a muchos clientes: identificar talles con solo ver a la persona ingresar al local. «A veces le erro, pero no mucho», bromeó.
Respecto a las costumbres de los consumidores locales, afirmó que el tresarroyense siempre busca estar actualizado con las tendencias de la moda. «Pasamos por todas las épocas: pantalones angostos, anchos, chupines. La gente siempre quiere lo último que se usa», señaló.
Un presente complejo para el comercio
Consultado sobre la situación económica actual, Galilea fue contundente al describir el escenario que atraviesan los comerciantes.
«En todos estos años hemos pasado crisis muy difíciles, pero nunca vi algo como esto», afirmó. Incluso comparó la actualidad con la crisis de 2001, remarcando que entonces existían dificultades económicas, pero había mayor circulación de personas y movimiento comercial.
«Antes no pasabas una hora sin que entrara alguien al negocio. Hoy eso cambió mucho», explicó. También observó que el consumo se concentra principalmente durante los primeros días del mes y luego disminuye notablemente.
Según indicó, las familias priorizan hoy los gastos esenciales como la alimentación, los servicios y otras obligaciones cotidianas, dejando en segundo plano compras vinculadas a la indumentaria.
Una nueva etapa
Galilea contó además que desde la pandemia su hijo menor tomó las riendas del negocio, permitiéndole disponer de más tiempo para otras actividades que disfruta, entre ellas su participación y colaboración con instituciones de la comunidad.
A pesar de las dificultades del contexto económico, el histórico comerciante mantiene el optimismo que caracterizó a la empresa familiar durante más de ocho décadas.
«Hay que seguir adelante y levantar la persiana todos los días», resumió.
Con 81 años de historia, La Casa del Pantalón continúa siendo un símbolo del comercio tresarroyense, atravesando generaciones y manteniendo vigente una tradición que comenzó en 1945 y que sigue escribiendo nuevas páginas.










