La situación que se vive en la Patagonia a raíz de los incendios forestales vuelve a ser alarmante y devastadora. Desde el lugar de los hechos, Lucila, una joven de 22 años que integra un grupo de coordinación de voluntarios, brindó un crudo testimonio sobre lo que atraviesan las comunidades afectadas y el rol clave que cumple la organización popular frente a la escasa respuesta estatal.
“Esto empezó como un grupo de personas con la necesidad de ayudar”, explicó Lucila, quien recordó que una experiencia similar se dio el año pasado tras los incendios en Mallín Ahogado. En aquel momento, se conformó una red de voluntarios que llegó a reunir a más de 280 personas y permitió asistir a numerosos vecinos. Ese mismo grupo volvió a activarse este verano ante los focos registrados en Epuyén y El Hoyo.
Según relató, los incendios no son un hecho aislado ni inesperado. “Todos los veranos pasa lo mismo. Los brigadistas viven con miedo cuando llega esta época”, señaló, y recordó que muchas familias que aún se estaban recuperando de los incendios del año pasado volvieron a perderlo todo.
Lucila fue contundente al describir la falta de políticas públicas: “La ayuda del gobierno siempre llega tarde y es escasa. La prevención prácticamente no existe y las brigadas locales no están equipadas porque no reciben financiamiento”. Incluso, detalló que los propios bomberos voluntarios están realizando colectas para poder comprar un camión, ante la ausencia de aportes oficiales.
La joven también expresó la indignación que sienten los vecinos frente a lo que consideran incendios intencionales con fines económicos. “Los pobladores dicen que esto es un negocio. Con los cambios en la ley de bosques, después de que se quema un terreno puede venderse. Hay gente que ya está cansada y piensa en irse, pero otros les dicen que no lo hagan porque es justamente lo que buscan”, advirtió.
Actualmente en El Bolsón, Lucila aseguró que el clima es de alerta permanente. “La gente está atenta todo el tiempo. Hace pocos días hubo un intento de incendio en el aeródromo y fue intencional. No hay cámaras, no hay control, y eso genera mucha impotencia”, remarcó.
En cuanto a la ayuda, explicó que la asistencia llega principalmente desde la sociedad civil. “Estamos recibiendo colaboración de todo el país. Se necesitan insumos para brigadistas, equipamiento, viandas, medicamentos y alimentos para animales. Todo eso se canaliza a través de redes de voluntarios y puntos de acopio”, indicó.
Finalmente, Lucila llamó a no naturalizar lo que ocurre: “Esto no puede ser algo normal. Estamos hablando de bosques, animales, hogares y comunidades enteras que quedan destruidas. La única salida es la unión del pueblo para visibilizar lo que pasa y exigir respuestas reales”.







