La emoción por el reconocimiento a Emilio García no terminó con el descubrimiento de la placa. Minutos después del acto, el dirigente Horacio Pescalacia compartió anécdotas que pintan de cuerpo entero la dedicación del hombre que convirtió su carpintería en la primera sede del club y que, décadas más tarde, sigue aportando su oficio para el éxito de las «24 Horas».
El artesano detrás del escenario
Pescalacia recordó cómo García, incluso superando los 90 años, mantenía una atención minuciosa sobre las necesidades logísticas del concurso. «Hace cinco o seis años, en una entrega de premios con mucho viento, a ‘Popi’ (el locutor) se le volaban los papeles. Al año siguiente, sin decirle nada a nadie, Emilio trajo un atril de madera hecho por él con dos ganchos para que no se volaran más», relató con admiración.
Esa vocación de servicio está presente en cada rincón de la institución: los mismos podios donde hoy se premia a los ganadores de la Corvina Negra fueron construidos por las manos de García. «Él siempre colaboró para el club; por eso este homenaje es más que merecido y, fundamentalmente, había que hacerlo en vida«, enfatizó Pezzalasha.
Una lucidez que asombra
A pesar de su timidez ante los micrófonos, la vitalidad de García fue el tema de conversación entre los presentes. Con 97 años, el socio fundador fue testigo de cómo su nombre quedaba perpetuado en las paredes de la sede que él mismo ayudó a soñar.
«Se lo ve bárbaro. Me remueve un montón de recuerdos y sentimientos de muchos años atrás. Emilio fue uno de los cinco fundadores, pero su diferencia es que siempre estuvo presente, nunca dejó de participar», concluyó el dirigente.
Con este reconocimiento, el Club de Cazadores de Tres Arroyos no solo honra a una persona, sino a una forma de entender el compromiso institucional: aquel que se construye con oficio, silencio y una presencia incondicional a lo largo de casi un siglo.









