El ambiente en las horas previas a la 64° edición de las 24 Horas de la Corvina Negra es una mezcla de ansiedad, estrategia y tradición. A medida que el reloj avanza, las historias de vida se cruzan en la arena: desde bahienses que cumplen una década de asistencia perfecta hasta debutantes que, por primera vez, se animan a lanzar la caña al Atlántico.
Bahía Blanca: una delegación con «fe y oficio»
Los pescadores de Bahía Blanca volvieron a marcar una presencia dominante en la inscripción de último momento. Para muchos, como un veterano que asiste por décima vez, la ubicación es lo de menos frente a la mística del concurso. «Vamos para todos lados; el año pasado estuvimos en Reta y ahora venimos para la zona de los saltos. Donde sea, hay fe», comentó, destacando el buen nivel de los cañófilos de su ciudad.
Otros bahienses prefieren la cercanía y la tradición de puntos clave como La Zaranda, cerca del Faro. «No tenemos el dato exacto de que esté saliendo la negra ahí, pero es un lugar que nos gusta y ya hemos pescado antes», explicaron mientras se disponían a buscar un hueco entre la multitud.
El debut absoluto desde Benito Juárez
La edición de este año también es escenario de nuevas experiencias. Maximiliano Honores, oriundo de Benito Juárez, representa la otra cara de la moneda: la del principiante. «Es el primer año que participo. Siempre venía a acompañar a mi hermano y a mirar, pero este año me convenció y voy a probar suerte», relató entusiasmado ante lo que será su primera experiencia con la caña en mano.
El caso de los Honores refleja el espíritu familiar del evento: están instalados desde el jueves pasando el Faro, en un campamento que reúne a más de diez integrantes de la misma familia, un ritual que trasciende la competencia misma.
El factor climático y el gran incentivo
A pesar de las diferencias de experiencia, todos coinciden en dos puntos fundamentales: el clima y los premios. Con pronósticos favorables que prometen «asociarse» a la fiesta, la expectativa crece. El imán de las camionetas y autos 0km sigue siendo el gran motor que moviliza a los grupos, que entre asados y mates, esperan el momento justo para que el pique los convierta en los grandes protagonistas del fin de semana.








