El explosivo detonado ayer por la Brigada de Explosivos de Bahía Blanca resultó ser un misil de unos sesenta centímetros de alto retirado de la base militar Azopardo de la localidad de Azul.
El caso, que ayer conmocionó a la ciudad, involucró a Lucrecia Virginia Conde y a su hija en el contexto de amenazas y violencia de género de parte de su expareja sobre quien pesaba una orden de restricción.
El agresor fue identificado como Hugo Gastón Panella, de 36 años, y que se desempeñara como soldador en la guarnición militar hasta setiembre del año pasado.
Los investigadores sospechan que al regreso de su tarea, el agresor lo trasladó con presuntos fines de venta como rezago militar. Según trascendió, el artefacto se hallaba almacenado en una habitación de la vivienda familiar, en Sargento Cabral al 900, junto a un termotanque.
Confirman que no podía explotar solo
En diálogo con Radio 3, el comisario Gabriel Blanco especificó que la propia víctima denunció el hecho, descartó que el misil haya tenido peligrosidad y que el caso recayó en la Justicia Federal por tratarse de un arma de guerra.
«Nos dice que el marido ingresó al domicilio y le dejó el artefacto explosivo, que no tenía peligro de ser explotado sin ninguna activación previa. Netamente necesita un descargador de proyectil sin el cual no se puede activar», aclarò.





