La próxima campaña fina se presenta con señales alentadoras, pero también con importantes desafíos para los productores agropecuarios. Así lo manifestó el ingeniero agrónomo Fidel Cortese, quien analizó el panorama actual para los cultivos de invierno y remarcó que los altos costos de producción continúan siendo una de las principales preocupaciones del sector.
Cortese explicó que entre los aspectos positivos se observa un sostenimiento de los precios a futuro y buenas perspectivas vinculadas a las exportaciones, especialmente en el caso de la cebada forrajera. Sin embargo, advirtió que el conflicto en Medio Oriente ya comenzó a impactar en la actividad agropecuaria a través del incremento en los valores de los fertilizantes nitrogenados y los combustibles.
“Es una campaña donde los márgenes son muy ajustados. Necesitamos nuevamente una cosecha excelente para poder obtener algún retorno o, al menos, salir empatados”, señaló.
En este contexto, indicó que muchos productores están evaluando incrementar la superficie destinada a cebada debido a que permite una mayor flexibilidad comercial y productiva. Según explicó, la cebada forrajera demanda menores niveles de fertilización que la cervecera, lo que representa una ventaja frente a los actuales costos de los insumos.
“Estamos escuchando que algunos productores podrían reducir el área de trigo y mantener o incluso fortalecer la apuesta por la cebada, justamente por sus menores requerimientos nutricionales”, sostuvo.
Respecto de las condiciones climáticas, Cortese señaló que las previsiones de un año con características de “Niño” generan expectativas por una mayor disponibilidad de agua, aunque también implican riesgos sanitarios y problemas derivados de excesos hídricos.
En ese sentido, explicó que la cebada es particularmente sensible a los anegamientos debido a que no tolera bien la falta de oxígeno en las raíces. No obstante, destacó que la tecnología disponible en materia de fungicidas permite enfrentar con herramientas eficientes los desafíos sanitarios que suelen presentarse en campañas húmedas.
Por otra parte, remarcó que la cebada ha dejado de ser un cultivo secundario dentro de muchas explotaciones agrícolas y que actualmente recibe un manejo tecnológico cada vez más profesional.
Además, destacó una ventaja clave respecto al trigo: la cosecha de cebada suele adelantarse entre siete y diez días, lo que permite una implantación más temprana de la soja de segunda, mejorando las posibilidades productivas de ese cultivo.
Finalmente, Cortese valoró el nivel de asesoramiento profesional existente en la región y recomendó a los productores analizar cada situación junto a sus técnicos de confianza para definir la estrategia más conveniente para la próxima campaña.








