La mora en los hogares argentinos alcanzó su nivel más alto en los últimos 20 años, según datos recientes del Banco Central de la República Argentina (BCRA), encendiendo señales de alerta en el sistema financiero. El incremento en los saldos impagos refleja las dificultades crecientes de las familias para afrontar sus compromisos en un contexto económico marcado por la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y el encarecimiento del crédito.
De acuerdo con información del sector financiero, el fenómeno se observa de manera generalizada entre las principales entidades bancarias del país. En los últimos meses se profundizó el deterioro en la situación de los deudores, acompañado por una caída de los ingresos reales y mayores complicaciones para cumplir con el pago de tarjetas de crédito, préstamos personales y otras formas de financiamiento al consumo.
La situación se vuelve aún más compleja al considerar el impacto de las billeteras virtuales y las plataformas fintech. Al incluir los saldos adeudados en estos sistemas, se estima que cerca del 25% de los usuarios registra demoras superiores a los tres meses en el pago de sus obligaciones, según datos difundidos por la agencia Noticias Argentinas. Para los analistas, este nivel de atraso resulta crítico, ya que indica que muchos hogares dejaron de enfrentar una dificultad momentánea para pasar a una situación estructural de endeudamiento.
El panorama también genera preocupación en el sector empresarial, aunque con niveles de mora algo menores que los observados en las familias. Bancos y consultoras privadas advierten un aumento sostenido en la irregularidad de pagos, especialmente en pequeñas y medianas empresas vinculadas al comercio y los servicios. La suba de costos, la caída en las ventas y las elevadas tasas de interés afectan la capacidad de pago y derivan en refinanciaciones cada vez más frecuentes.
Desde las entidades financieras reconocen que la problemática de la mora dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un fenómeno de alcance macroeconómico. El deterioro de la cartera de crédito comienza a reflejarse en los balances de los bancos, que deben aumentar las previsiones por incobrabilidad y aplicar criterios más estrictos al momento de otorgar nuevos préstamos.
Entre los indicadores más relevantes se destacan que la irregularidad en los pagos de hogares dentro del sistema bancario tradicional alcanzó el 23,9% en enero, mientras que en las billeteras virtuales ronda el 25% con demoras superiores a los 90 días. En el caso de las empresas, si bien el nivel de mora es menor, también se registran señales de estrés financiero.
Especialistas advierten que, si esta tendencia se mantiene, podrían endurecerse las condiciones de acceso al crédito y aumentar aún más las tasas de interés. Un escenario que tendría impacto tanto en la actividad productiva como en el consumo interno, dos variables claves para el funcionamiento de la economía





