A menos de una semana del recambio legislativo, las versiones sobre las modificaciones en el esquema de poder del Concejo Deliberante avanzan a la par del runrún desatado sobre el organigrama del Ejecutivo.
Para ejemplo, bien vale una declaración realizada por el actual secretario del cuerpo Pablo Abraham a Radio 3 el pasado 28 de octubre, exactamente un día después del triunfo inapelable de Carlos Sánchez por quinto período consecutivo: «la tradición marca que el que gana es quien ocupa la presidencia y el segundo la secretaría», planteó el letrado en un intento por marcarle la cancha al resto de los bloques y que por estas horas cobra aún más entidad.
A diferencia de lo ocurrido en 2017, en donde el vecinalismo trabó una alianza táctica con el por entonces triunfador Cambiemos que depositó al efímero Matías Meo Guzmán en la presidencia del cuerpo (quien fuera reemplazado por el vice Enrique Groenenberg menos de dos años después), en esta oportunidad será el Frente de Todos, segundo en la compulsa electoral, quien componga el tándem que se sienta en el estrado del Salón Blanco.
Para esos cargos algunos postulan al saliente edil Martín Garrido como secretario mientras que la reelecta Claudia Cittadino sería encumbrada como mandataria del cuerpo. El reelecto Werner Nickel corre detrás de la médica por el mismo sitial.
La jugada fue olfateada desde Juntos por el Cambio en el marco de las negociaciones (lícitas aunque cuestionables) por la teatral caída del pedido de interpelación al secretario de Seguridad Claudio Cuesta que expuso ópticas diametralmente opuestas dentro de un mismo bloque (el ahora frentista) en poco menos de un fin de semana y que culminó con el propio Cuesta arrojando dardos a la oposición.
El macrismo, a conciencia de que esta vez el reparto de poder le será esquivo, no descarta encarar la recta final del Presupuesto como escenario de batalla.









