En el feriado de Carnaval, la ciudad mostró su rostro más desolado por la escasa circulación de autos y peatones.
Con el movimiento trasladado a los balnearios y centros turísticos, en gran parte por las inmejorables condiciones climáticas, el centro fue una prueba elocuente del desierto en el que se transformó Tres Arroyos durante el fin de semana.





