La ola de despidos decretada en la Quinta Presidencial de Olivos destapó un tenso conflicto interno marcado por denuncias de persecución, vigilancia estricta y maltrato laboral. Tras el desplazamiento de decenas de empleados con amplia trayectoria en la residencia oficial, expersonal que prestó funciones durante diversas administraciones rompió el silencio para describir la atmósfera que se vive en el predio.
Según los testimonios recopilados, las desvinculaciones alcanzaron a trabajadores de áreas clave de la residencia —como cocina, intendencia, mantenimiento y limpieza—, muchos de los cuales sumaban entre 15 y 25 años de servicio ininterrumpido. Los cesantes detallaron que la dinámica de trabajo cambió drásticamente con la llegada de los nuevos ocupantes de la Casa de Gobierno, derivando en un clima de «paranoia generalizada».
Las denuncias del personal desplazado
Entre los principales reclamos y situaciones señaladas por los exprefectos y empleados civiles de Olivos, se destacan:
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Sistemas de videovigilancia e intimidación: Instalación de un número sin precedentes de cámaras de seguridad dentro de las zonas de trabajo y descanso del personal, acompañadas por constantes requisas.
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Restricciones de circulación: Prohibición estricta para el personal de interactuar o cruzarse en los senderos con los funcionarios y sus familiares, bajo apercibimiento de sanción directa o despido.
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Cuestionamientos y sospechas: Señalamientos sistemáticos de presunta infidencia o deslealtad sobre trabajadores históricos que prestaron servicios a gobiernos de diferente signo político.
Los exempleados despedidos adelantaron que impulsarán acciones administrativas y judiciales contra el Estado para exigir su reincorporación o la correspondiente indemnización por los años de servicio prestados en el chalet presidencial.
Fuente: Minuto Uno (Sección Política, publicado el 18 de septiembre de 2026).
Fotografía: Noticias Argentinas (NA) / Archivo.





