El calendario marca una cifra que estremece: 50 años. El 24 de marzo de 1976 no fue solo un cambio de gobierno por la fuerza; fue el inicio de un plan sistemático de terror, desaparición de personas y desmantelamiento del tejido social y productivo que cambió la identidad de la Argentina para siempre.
Hoy, medio siglo después, la efeméride no solo sirve para el recuerdo, sino para evaluar la resiliencia de una nación que decidió hacer de la consigna «Nunca Más» un pilar fundamental de su Estado de Derecho.
Un legado de lucha y justicia
A diferencia de otros procesos regionales, Argentina se destacó por un camino singular de Memoria, Verdad y Justicia. Desde el histórico Juicio a las Juntas en 1985 hasta la reapertura de las causas en el siglo XXI, el país ha procesado su dolor a través de las instituciones.
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Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: Convertidas en un símbolo mundial, su búsqueda incansable ha permitido recuperar la identidad de 137 nietos (a la fecha), transformando el dolor individual en una bandera colectiva.
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Sitios de Memoria: Lugares como la ex-ESMA, hoy Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, funcionan como recordatorios físicos de que el horror ocurrió y no debe repetirse.
El impacto económico y social
La dictadura no solo dejó un saldo de 30.000 desaparecidos. También impuso un modelo económico basado en la especulación financiera y el endeudamiento externo. La deuda externa se multiplicó exponencialmente, y la industria nacional sufrió un golpe del que tardó décadas en recuperarse.
«La memoria no es un ejercicio de nostalgia, sino una herramienta de soberanía. Recordar el 76 es entender las crisis económicas que nos siguieron», señala un historiador local.
El desafío de las nuevas generaciones
A 50 años, el gran reto es el trasvasamiento generacional. Con los sobrevivientes y protagonistas directos envejeciendo, la posta pasa a los jóvenes que nacieron en plena democracia. En un contexto global de polarización, el consenso social sobre el rechazo al autoritarismo enfrenta nuevas pruebas.
La efeméride de este 2026 encuentra a una Argentina diversa, con debates intensos, pero con la certeza de que el diálogo y las urnas son el único camino posible. A medio siglo del quiebre, el eco de aquel «Nunca Más» suena más necesario que nunca.





