En el corazón de la 64° edición del concurso pesquero más grande del país, una carpa blanca se destaca entre las cañas y el rugir de las olas. Allí, la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC) lleva adelante una tarea de «docencia costera» que ha transformado el reglamento del torneo en una herramienta de supervivencia biológica.
Gracias a una labor conjunta entre los científicos y la voluntad de la comisión directiva del Club de Cazadores de Tres Arroyos, este año el certamen presenta un cambio histórico: el pez guitarra, una especie emblemática pero gravemente amenazada, ha dejado de ser una pieza premiada para convertirse en una de devolución obligatoria.
Ciencia y conciencia en la orilla
Mariana Hidalgo, periodista e integrante de la CIC, explicó la relevancia de esta medida en diálogo con la prensa, destacando que el pez guitarra se encuentra actualmente en peligro crítico de extinción. «Quedan muy poquitos ejemplares en todo el mundo. En Brasil, la cantidad disminuyó un 96% y, como es una especie que se mueve en las costas de Brasil, Uruguay y Argentina, lo que sucede allá impacta directamente aquí», señaló.
El equipo científico, representado en la playa por el biólogo e investigador Andrés Milessi, se instaló en un gazebo para asesorar a los participantes y difundir la importancia de la preservación. Hidalgo enfatizó que esta iniciativa busca aprovechar la masividad del evento para educar al usuario directo del recurso.
«Es el escenario ideal para que alguien que conoce la especie pueda tener contacto con los mismos pescadores, que son los que, en definitiva, en el día a día van a estar en contacto con el bichito», afirmó Hidalgo.
Un torneo con impacto global
La magnitud internacional de las 24 Horas de la Corvina Negra —un evento que trasciende las fronteras de Argentina— ofrece la plataforma ideal para sembrar conciencia ambiental. Al retirar al pez guitarra de la competencia, la organización no solo protege la biodiversidad marina, sino que también envía un mensaje claro sobre la evolución del deporte hacia prácticas más sostenibles.
La presencia de la CIC en las playas de Claromecó, Reta y Orense refuerza la idea de que la pesca deportiva y la investigación científica pueden caminar de la mano, garantizando que las especies que habitan el Atlántico Sur sigan presentes para las próximas generaciones.









