En la costa argentina hay balnearios que imponen su presencia con grandes infraestructuras de edificios en altura sumada a una movida nocturna intensa. Otros, por el contrario, apuestan por un perfil más tranquilo donde las familias encuentran ese ritmo pausado tan necesario durante el resto del año. Miramar pertenece a esta segunda categoría, y durante los últimos años viene consolidándose como una de las opciones preferidas para quienes buscan una desconexión total.
Un diseño urbano pensado desde el origen
La historia de Miramar comienza en septiembre de 1888, fecha en la que Fortunato de La Plaza fundó el balneario. Su nombre viene de la inspiración del Miramar de Austria, donde residía el emperador Maximiliano del Imperio Austro Húngaro, y que se había convertido en uno de los destinos más exclusivos de aquella época. Para esta época, el pueblo se llamaba «Mira Mar», pero según una leyenda popular, se cree que un error en la señalización en la estación ferroviaria terminó uniendo ambas palabras y adoptando el nombre que conocemos en la actualidad.
El diseño urbano refleja esa planificación temprana de fines del siglo XIX. Calles anchas, abundante vegetación y un ritmo donde la bicicleta sigue siendo el medio de transporte más popular, crean un ambiente diferente al de otros balnearios más concurridos. El primer tren llegó en 1911, marcando el despegue turístico que convirtió a este balneario en refugio de familias porteñas durante décadas. En la actualidad llegar a la ciudad buscando pasajes a Miramar es más fácil gracias a la terminal de ómnibus inaugurada en 2011 que conecta con los principales puntos del país durante todo el año.
El atractivo de sus amplias playas y su bosque artificial
Las playas de Miramar se destacan por tener barreras costeras que logran impedir el avance agresivo del agua, lo que genera extensiones de arena más amplias que en otros puntos de la costa. Para las familias que viajan con sus hijos menores, esto resulta muy conveniente, ya que hay espacio para instalarse con comodidad, además, el mar presenta condiciones más controlables.
La ciudad posee también un gran pulmón verde que está constituido por el Vivero Dunícola Florentino Ameghino. Este bosque artificial fue creado en 1923 para fijar dunas y médanos; y actualmente posee 502 hectáreas, convirtiéndolo en uno de los más grandes de Sudamérica. Su superficie se encuentra forestada con pinos y eucaliptos y según informes del Museo Municipal, alberga una gran diversidad de especies botánicas, mamíferos, aves y diversos anfibios.
Los senderos del Vivero invitan a recorridos a pie o en bicicleta, lejos del bullicio costero. En su interior funciona el Museo de Ciencias Naturales «Punta Hermengo», creado oficialmente en 2019 tras un convenio entre la Municipalidad de General Alvarado y la Fundación Félix de Azara. Está dedicado a la geología, paleontología, biodiversidad marina y arqueología de la zona costera bonaerense, con ocho salas que muestran desde exploraciones científicas históricas hasta restos fósiles de fauna prehistórica.
Actividades para distintos ritmos
Miramar no impone un único estilo de vacaciones. Las familias encuentran en el Parque de los Patricios —ubicado en la Avenida 9 entre calles 18 y 26— un espacio verde de recreación a escasos 300 metros del mar. Los amantes de la pesca aprovechan el Muelle de Pescadores, construido originalmente en 1910 y reconstruido en varias ocasiones (1917, 1999 y 2012).
El surf gana popularidad por las condiciones oceánicas particulares del lugar. El Miramar Golf Club, fundado en 1927, mantiene su cancha de 18 hoyos diseñada en estilo escocés por Percy y Aubrey Boomere. Para los ciclistas, el Vivero ofrece circuitos que recorren sus 502 hectáreas entre árboles y dunas fijadas.
Un balneario que no compite en glamour
Al contrario de otros balnearios costeros que apuntan a un público más joven para vacacionar, Miramar mantiene esa identidad de ciudad familiar que la convierte en un destino atractivo por lo opuesto al bullicio de los turistas. Los alojamientos incluyen desde hoteles tradicionales hasta campings, adaptándose a los distintos presupuestos. Para muchas familias argentinas, Miramar representa ese lugar donde todavía es posible desconectar sin tener que negociar constantemente con multitudes o ruidos excesivos.





