“Yo voy a ser siempre la seño”, aseguró Irigoin, al recordar que exalumnos, ya adultos, todavía la reconocen en la calle con ese apelativo que considera un verdadero orgullo. Su formación inicial fue en psicopedagogía, orientada a trabajar con dificultades en el aprendizaje, y desde allí encontró el camino que marcó toda su vida.
La dirigente gremial subrayó que, a pesar de las dificultades que atravesó el sector —“vivimos épocas de sueldos congelados, de patacones, de luchas constantes”—, nunca dudó de la elección tomada: “Trabajo de lo que me gusta. Lo sigo eligiendo cada día, incluso lo he hecho sin cobrar”.
Irigoin remarcó que la docencia tiene un componente único de reconocimiento: “Cuando un chico aprende a leer o cuando un exalumno adulto te abraza en la calle, no hay precio que lo pague”.
Consultada por los episodios de violencia en ámbitos escolares, expresó que es clave el rol de los adultos y la prevención: “Si nosotros tenemos una mirada atenta, los chicos no necesitan agarrar un arma para ser escuchados. También resaltó la importancia de que los medios muestren las experiencias positivas que ocurren en las aulas: “Las escuelas deben ser territorios de paz y es necesario contagiar lo lindo que allí sucede”.
Para Irigoin, la docencia es mucho más que una profesión: es un compromiso vital sostenido en el amor por enseñar y en la certeza de que educar transforma vidas.










