PUNTO CRÍTICO

16.04.2018 - Editorial

Hace casi un año, en la editorial del 22 de abril de 2.017, -titulada “Tercera Guerra Mundial”-, señalabamos lo siguiente: “Por el contexto, hay hechos que se sabe que ocurrirán; la incógnita es cuando.
Al término de la primera guerra mundial, el tratado de Versalles, que impuso a Alemania exorbitantes indemnizaciones que la ahogarían económicamente, preanunciaba que los germanos se alzarían de nuevo y habría otro conflicto bélico peor aún que el anterior. Lo que nadie podía imaginarse era que el líder del Tercer Reich alemán iba a ser Adolf Hitler, el mayor criminal de la historia humana. Y el baño de sangre que desató fue de dimensiones únicas.
En las últimas semanas hubo dos hechos que sacudieron a un mundo plagado de violencia e injusticias. El primer acto de barbarie fue un bombardeo aéreo de Siria, y, quizás también de Rusia, a una localidad controlada por la guerrilla que lucha contra el ejército sirio. Los aviones lanzaron bombas con gas sarín, lo que provocó unos 100 muertos, -30 de ellos niños-, y casi 800 heridos.”
El segundo hecho que mencionamos en esa nota de opinión de un año atrás era una llamativa contienda verbal entre jefes de estado. Los presidentes de EEUU, Rusia y Corea del Norte aseguraban tener el arma más potente de destrucción masiva. Siguen haciendo esas bravuconadas de pandilleros.
Cómo ocurrió hace un año, un ataque con armas químicas del ejército sirio a un bastión rebelde causó decenas de muertos, muchos de ellos niños. La respuesta de EEUU, el Reino Unido y Francia fue la de bombardear plantas de elaboración de armas químicas de Siria. El ataque en las ciudades de Damasco y Homs fue quirúrgico para no dañar a personal o material bélico ruso que está ahí en apoyo del gobierno sirio, pero igual provocó que civiles mueran o sufran heridas.
La guerra civil en Siria lleva siete años y causó medio millón de muertos, un millón de heridos y desplazamientos migratorios masivos. Que este conflicto interno continúe, se agrave por el uso de armas prohibidas contra poblaciones civiles y se internacionalice con apoyos facciosos o ataques de coaliciones formadas por países cuyos Congresos no aprobaron previamente la incursión militar, es una muestra más de que la ONU es un organismo nulo para resolver políticamente diferendos bélicos entre países o luchas internas. Ese vacío institucional se llena con decisiones unilaterales de invasiones o ataques por parte de EEUU, -siempre apoyado por los británicos y los galos-, o de Rusia que decide por si solo apoyar facciones en disputa, como en Siria.
Tras el ataque de la coalición de la madrugada del sábado, los analistas están seguros de que Rusia responderá, lo que no se sabe cómo lo hará. Hoy EEUU y Rusia (en aquellos tiempos soviéticos) vuelven a estar como en la época de la crisis de los misiles en Cuba, a comienzos de los 60’, que fue donde más cerca se estuvo de que comenzara la Tercera Guerra Mundial. Es el Punto Crítico.
En otro párrafo de la editorial de hace un año remarcábamos lo siguiente: “Según especialistas, entre Rusia, EEUU, el Reino Unido, Francia, Alemania, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte hay 17.200 cabezas nucleares en misiles preparados para dispararse; el 94 % de ese arsenal lo tienen Rusia y EEUU. A eso hay que sumar las bombas termonucleares; las no nucleares pero de extrema capacidad de daño, y las armas químicas y bacteriológicas. Científicos estiman qué si se detona el 10 % de todas las armas de destrucción masiva, además de la muerte y los daños que producirían en donde estallarían, crearían reacciones medioambientales que provocarían la extinción de casi toda la vida en el planeta Tierra.”
La Tercera Guerra Mundial es más que probable que se produzca, y en poco tiempo teniendo en cuenta que varios de los países con mayor poder bélico son liderados por megalómanos insensibles o dictadores delirantes. Es muy factible que el enfrentamiento se divida en ejes: un occidental encabezado por EEUU, Gran Bretaña, Francia y más aliados, y otro oriental conformado por Rusia, China, y Corea del Norte con apoyo de algunos países árabes como Irán y Siria.
No hay líderes religiosos ni instituciones globales que puedan evitar que la Tercera Guerra Mundial se produzca. Quizás la única posibilidad de evitarla sea que las poblaciones de todos los países del mundo salgan a la calle para reclamar a sus gobiernos que insten a los que tienen la capacidad armamentística de destruir el mundo a dialogar, para intentar hallar soluciones antes de ordenar lanzar sus misiles.

Marcelo N. Mouhapé Furné