FEMICIDIOS SERIALES

18.06.2017 - Editorial

El femicidio en Argentina crece y en eso contribuyen quienes debieran castigarlo o visibilizarlo. Los asesinatos se suman y tras ellos aparecen las dobles o terceras muertes de algunas de esas víctimas; las que cometen la Justicia y el Periodismo.
En un informe especial de la revista “Veintitres”, titulado “El Sexo de la Justicia”, se señala que en los homicidios conyugales la Justicia aplica atenuantes que mejoran la situación criminal de los varones, pese a que en todos los casos hubo constataciones de violencia del victimario hacía la mujer que terminó muriendo, e incluso con denuncias sobre las que el sistema judicial poco hizo o ignoró y terminaron con el peor desenlace.
En el Poder Judicial hay una amplísima casuística en donde las penas para quienes mataron a una mujer, -en la casi totalidad de los casos vinculados a ella, como actuales o ex parejas-, son leves. Y en ciertas situaciones los fallos son prácticamente testimoniales, ya que las condenas no se cumplen. Analicemos dos de los muchos que hay; uno de hace seis años y otro actual.
El primero está referido en esa misma nota de la revista “Veintitrés” y corresponde al año 2.011 en Esteban Echeverría, cuando una mujer fue atacada por su ex pareja quien la roció con alcohol y la quemó viva. La Justicia le aplicó 18 años de cárcel al asesino, fallo que fue confirmado por el Tribunal de Casación. Pero nunca llegó al presidio, porque casi de inmediato la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora lo eximió de prisión porque hizo lugar al pedido del abogado del homicida que presentó un “hábeas corpus” señalando que no había peligro de fuga porque siempre se había presentado a las citaciones judiciales.
El caso actual se produjo en marzo del año pasado, cuando en medio de un brote psicótico una joven de 27 años salió de su casa, en Gregorio Laferrere, y corrió descalza varias cuadras hasta un kiosco. Golpeó la ventana y rompió un vidrio. Inmediatamente, el dueño del local y otro vecino, en vez de llamar a la Policía la capturaron y comenzaron a golpearla. La torturaron y golpearon durante tres horas hasta que finalmente la dejaron atada a un poste de luz. La mujer murió días después producto de ese ataque. Sin embargo, en un juicio abreviado solo fueron condenados a un año de prisión en suspenso. Pese a pegarle con un fierro en la cabeza a la mujer, la Justicia consideró que la mataron sin querer, y descartó la figura del femicidio.
Otra aberración se produce en Entre Ríos con el juez Carlos Alberto Rossi, quien pese a los informes psicológicos que sugerían lo contrario liberó a un violador serial que después terminó matando a una chica de 21 años. Ante la condena social nacional por su mala praxis, el juez Rossi se borró de la escena alegando depresión. Pero cuando el tema dejó de ser noticia volvió a su función y dicen que está tranquilo porque tiene el respaldo político que evitaría que el Consejo de la Magistratura haga lo que tiene que hacer, destituirlo como juez.
Hasta acá incoherencias judiciales que terminan dando impunidad a asesinos de mujeres. Y ahora la parte que le toca al periodismo.
En una acción que bien podría encuadrarse en la apología del delito, varios medios nacionales entrevistaron a Fernando Farré, condenado por matar a su ex esposa de 66 puñaladas en un country.
Con el consentimiento del entrevistador y el medio al que representa, en estas entrevistas Farré busca aparecer como una víctima en vez del sanguinario victimario que es. Los medios de comunicación no deberían haberle dado la posibilidad de hablar a Farré. Su momento para dar su versión fue en el juicio, y lo aprovechó. Hacer hablar a un asesino no es periodismo; es traicionar la confianza de la gente de bien y volver a matar a quien al que se le dio micrófono asesinó.

Marcelo N. Mouhapé Furné.